¿Qué es ese misterio llamado muerte?

Nena Arias | 23 de mayo de 2022

“… está destinado que los hombres mueran una sola vez,
y después de esto viene el juicio,”
(Hebreos 9:27)

¿Qué es ese misterio llamado muerte? Si te detienes a pensarlo, es algo extraño. ¿Por qué todos tenemos que morir? Hay pocas cosas de las cuales podemos estar seguros en la vida, y la muerte es una de ellas. Tarde o temprano, todos tenemos que morir. La gente que estuvo con nosotros el día anterior puede no estar al día siguiente. Esta es una realidad con la que tenemos que vivir. Hemos nacido para morir. Es inevitable. Es una experiencia dolorosa pensar en la partida de nuestros seres queridos, pero somos impotentes para evitarla; no podemos aferrarnos a ellos. Cuando su tiempo terrenal se acaba, llega la experiencia, y cada uno de nosotros tendrá que pasar al más allá. ¿Qué pasa después? ¿A dónde vamos?

¿Cómo llegó la muerte a nosotros? ¿Es también la muerte creación de Aquel que nos dio la vida? ¿De dónde vino? Miremos esto desde la perspectiva de Dios, pero primero consideremos lo siguiente:

Algo de interés para mirar son las tasas mundiales de natalidad y mortalidad:

Tasa de natalidad                                               Tasa de mortalidad
• 19 nacimientos/1000 habitantes                  • 8 muertes/1000 habitantes
• 131.4 millones de nacimientos por año       • 55.3 millones mueren cada año
• 360,000 nacimientos por día                        • 151,600 personas mueren cada día
• 15,000 nacimientos cada hora                      • 6,316 personas mueren cada hora

Durante el tiempo que tardes en leer esto, a la taza presente de 105 muertes por minuto, esa es la cantidad de personas que habrán muerto en el mundo. No nos gusta hablar de la muerte, pero no debemos eludir el tema porque la muerte llegará lo deseemos o no. No debemos dejar que nos agarre desprevenidos. Según la Palabra de Dios, pasar al más allá requiere preparación y es algo que debemos hacer todos los días. Sí, escuchaste bien, todos los días debemos prepararnos para morir (Juan 3:1-21).

Cuando se trata de este tema, hace toda la diferencia si creemos en Dios o no. Es nuestra prerrogativa creer o no creer. Algunos optan por creer que cuando llegue la muerte, serán enterrados y eso es todo; creen que cuando dejas de existir, eso es todo, ya no hay más en el más allá. Pero no podemos darnos el lujo de tomar la opinión humana sobre esto porque hay mucho en juego y una vez que dejamos esta vida terrenal, no hay oportunidad de hacer esto nuevamente y la eternidad tomará el control.

Para obtener una verdadera comprensión acerca de la muerte, debemos consultar al dador de la vida. Entonces, ¿qué tiene que decir la Palabra de Dios acerca de la muerte?

El primer libro de la Biblia es Génesis, que es el libro de los comienzos. En él se nos dice cómo empezó todo y el versículo uno comienza con una declaración audaz, precisa y práctica: “En el principio creó Dios los cielos y la tierra” (Génesis 1:1). Dios tardó seis días de 24 horas para hacer todas las cosas y el séptimo día descansó.

Dios hizo a los primeros seres humanos en el sexto día de la creación, a su semejanza; fueron llamados Adán y Eva, varón y hembra (Génesis 1:26-28). Él les dio una directriz muy específica en Génesis 2:15-17, “Tomó, pues, el SEÑOR Dios al hombre y lo puso en el jardín de Edén, para que lo cultivara y lo guardara. Y el SEÑOR Dios mandó al hombre diciendo: «Puedes comer de todos los árboles del jardín; pero del árbol del conocimiento del bien y del mal no comerás, porque el día que comas de él, ciertamente morirás»”. Adán y Eva comieron del fruto prohibido y así entró la muerte en la cadena humana hasta el día de hoy. Dios no es el autor de la muerte física. Los humanos trajeron la muerte a través de la desobediencia. Adán y Eva sintieron la diferencia inmediatamente después de su caída (Génesis 3:7-8). La muerte sucedió tal como Dios dijo que sucedería.

Podrías preguntarte, como muchas personas lo hacen, ¿por qué Dios puso allí ese árbol prohibido en primer lugar si sabía que iba a ser una tentación que traería tanto sufrimiento e introduciría la muerte? Esa es una muy buena pregunta. Pero para entenderlo todo debemos mirar el panorama completo.

Antes de que Adán y Eva desobedecieran, el pecado ya estaba concebido en el universo. Se nos enseña en la Biblia que se originó en el cielo cuando Lucifer, un ángel perfecto en la presencia de Dios, se corrompió y desafió a Dios porque quería usurpar el lugar de Dios. En otras palabras, hubo un golpe de estado en el cielo. Muchos de los seres angélicos se corrompieron junto con él, el número de ellos es “un tercio”. Se nos dice que a Lucifer también se le conoce como Satanás y el diablo y en el libro de Apocalipsis también se le llama el dragón y la serpiente antigua (Apocalipsis 12:4, 7-9).

Satanás y sus seguidores fueron expulsados del cielo y arrojados a la tierra, razón por la cual Satanás tuvo acceso al Jardín del Edén, donde pudo usar la serpiente para sus propósitos. De esto también aprendemos que todos los seres que Dios ha creado, tanto angelicales como humanos, tienen libre albedrío. Podemos elegir hacer la voluntad de Dios o no, junto con las consecuencias. Para derrotar a Satanás y erradicar el pecado, Dios tuvo que demostrar por qué solo él es el Soberano, no solo por su poder sino principalmente por SU SABIDURÍA. Dios tuvo que incluir todas las piezas del rompecabezas, por así decirlo, para vencer este desafío que se le había lanzado y que todo el universo estaba esperando para ver cómo respondía y ganaba; los ángeles que permanecieron incorruptos fueron los más observantes. Ahora todas las criaturas creadas tenían que elegir entre el bien y el mal hasta que se completara el plan completo de Dios de redención y triunfo sobre el pecado, una promesa que hizo desde el principio y se cumplió en Cristo (Génesis 3:15).

El arma preferida de Dios es su sabiduría junto con su poder porque no es un tirano ni es arbitrario de ninguna manera. Nunca se le puede acusar con razón de actuar injustamente. Dios nunca se traicionará ni se manchará con el pecado. Él es perfecto y siempre santo en el pasado, presente y futuro, siempre será el mismo porque no hay variación en él (Santiago 1:17).

Dios nunca cambia. De hecho, dado el carácter de Dios, es imposible que Dios cambie. Las influencias del cambio en la vida de las personas y el mundo o en el universo, para el caso, no tienen ningún efecto sobre Dios. Su poder, conocimiento y sabiduría nunca disminuyen. Dios no se compromete ni cambia sus valores. Y Dios no tiene cambios de humor. Entonces, cuando la Biblia se refiere a las emociones en relación con Dios, siempre se justifican con una muy buena razón y principio detrás de cada una de ellas. La vida y sus incertidumbres pueden sacudirte, pero Dios, la Roca de la Eternidad, nunca se mueve. Por eso, si nos aferramos a Él, Su fuerza siempre nos sostendrá (Salmos 33:11).

El plan de Dios es inmutable. Existía al principio de la creación y sigue siendo el mismo hoy. ¡Cada uno de nosotros es parte de su plan! Pablo explica esto en Efesios 2:10, que dice: “Porque somos hechura de Dios, creados en Cristo Jesús para hacer las buenas obras que Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas”.

Los caminos inmutables de Dios nos aseguran una guía inquebrantable, siempre podemos confiar plenamente en él para que nos guíe por el camino correcto. El Salmo 18:30 dice: “Perfecto es el camino de Dios; probada es la palabra del SEÑOR. Él es escudo a todos los que en él se refugian.” La palabra de Dios te equipa con una verdad eterna, nunca caduca ni envejece, es siempre aplicable. Isaías 40:8 declara: “La hierba se seca y la flor se marchita; pero la palabra de nuestro Dios permanece para siempre”. Las palabras y los mandamientos de Dios permanecen para siempre.

Entonces, cuando se trata de la muerte física para nosotros, aprender, aplicar y prepararnos para esta transición en nuestras vidas de acuerdo con lo que Dios nos enseña al respecto es la mejor manera de estar listos cuando llegue nuestro día.

El pecado hizo que Adán y Eva vieran las cosas completamente diferentes. Inmediatamente experimentaron la vergüenza de su desnudez, su inocencia y pureza murieron. También experimentaron culpa; sabían que habían hecho algo malo. El pecado siempre experimenta culpa, aunque los pecadores empedernidos la expliquen y busquen justificarla, pero es la imagen de Dios la que nos impulsa a hacernos saber que hemos hecho algo mal.

En el pecado de Adán y Eva todos morimos. Romanos 5:12 dice, “Por esta razón, así como el pecado entró en el mundo por medio de un solo hombre, y la muerte por medio del pecado, así también la muerte pasó a todos los hombres, por cuanto todos pecaron”. Romanos 3:23 lo pone de esta manera, “…por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios.”

No hay escapatoria para nacer en pecado. Todo ser humano viene a este mundo siendo ya un pecador. La única manera de liberarnos es a través de la experiencia del nuevo nacimiento a través de Jesús, nuestro Redentor. Jesús lo dijo en Juan 3:1-21: “…‘Tienes que nacer de nuevo’…”

Como puedes ver, debemos entender este umbral llamado muerte porque una vez que sucede, eso es todo, no puedes cambiar nada. La Biblia no enseña ni apoya ningún tipo de posibilidades después de la muerte física como la reencarnación o el purgatorio de ninguna manera. La Biblia dice: “… está destinado que los hombres mueran una sola vez, y después de esto viene el juicio,” (Hebreos 9:27).

Dios no se complace en ver morir a los PECADORES. Por eso ha hecho provisión para que todos puedan llegar al arrepentimiento y vivir: Romanos 6:23 “Porque la paga del pecado es muerte, mas la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro”.

Dios quiere que las personas vivan y sigan viviendo incluso cuando pasen a la otra vida.

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