Rissa Arias

Ramon Arias | 21 de abril de 2014 

¿Qué tiene que ver la Resurrección de Jesucristo, que tuvo lugar hace 2000 años, con el bienestar de la nación? ¿Cómo responderías esa pregunta? El futuro de los Estados Unidos depende de tu comprensión de la relación entre la Resurrección de Cristo y la formación de este país; de no hacerlo, continuará sumida la nación en un suicidio nacional.

Antes de 1776 había 1620, donde la fundación se llevó a cabo por los padres antepasados, la cual se convertiría en el experimento de una nueva forma de gobierno como ningún otro en la historia humana.

La generación de los Padres Fundadores, a pesar de ser una minoría en las colonias, no estaba dispuesta a seguir bajo el poder centralizado y opresivo del rey y de la Iglesia de Inglaterra. Ellos lucharon y ganaron el derecho dado por Dios a proseguir y mejorar su calidad de vida, libertad y la búsqueda de la felicidad, no sólo para ellos sino también para sus vecinos y sus comunidades. Eran visionarios y planificaron para que las generaciones futuras siguieran sus pasos.

La dependencia estadounidense sobre la Providencia del Omnipotente, Creador de todas las cosas, se ha desplazado a la glorificación del estado por el adoctrinamiento constante de esta ideología sin Dios, que se ha infiltrado en las instituciones religiosas, educativas, políticas, económicas y legales. Esto ha hecho que la sociedad sea menos productiva y ha obligado mayores cargas financieras a través de impuestos, haciendo caso omiso de lo que la historia enseña acerca de la devastación que esto causa.

El Preámbulo de la Constitución de los Estados Unidos dice que » … para asegurar las bendiciones de la libertad para nosotros y para nuestra posteridad … « ¿De qué estaban hablando? Piensa por un momento, ellos se enfrentaron en una guerra para liberarse de la tiranía; querían tener la libertad de elegir a los funcionarios públicos y no vivir bajo una monarquía de gobernantes puestos sobre ellos. Deseaban individuos que no tuvieran amor por el dinero o el poder para que fueran sus líderes. Esa era la calidad de carácter que querían en su gobierno civil y para sus familias, sus vecinos y las generaciones futuras. Se requería suficiente inteligencia para entender lo que ellos entendieron acerca del Dios de la forma bíblica de gobierno, el propósito de Jesucristo para redimir a la humanidad a través del perdón de los pecados e impartir de Su vida resucitada por medio del Espíritu Santo.

No es poco común que la mayoría de nuestros políticos, educadores, líderes religiosos y muchos otros que le dan forma a la cultura de la nación con sus ideas no crean lo que dicen acerca de sus convicciones en el Dios de la Biblia y el Cristo resucitado. Sus acciones traicionan su boca. Sin embargo, en el caso de los Padres Fundadores, a pesar de que estaban lejos de ser perfectos, decían lo que creían y creían lo que decían.

Consideremos a John Jay (Presidente del Congreso; Diplomático; primer Juez Presidente de la Corte Suprema de los EE.UU., y gobernador de Nueva York), declaró lo siguiente, que transmite la misma visión del mundo como los demás Padres Fundadores porque tenían convicciones similares para una mejor país:

  • «¡Condesciende, Padre misericordioso! para conceder como adecuadas estas peticiones imperfectas, para aceptar estas inadecuadas acciones de gracias, y perdonar cualquier pecado que se haya mezclado en ellas por el bien de Jesucristo, nuestro Señor y Salvador; a quien, contigo y el Espíritu bendito, siempre un solo Dios, se da todo honor y gloria, ahora y por siempre».
  • «A Aquel que es el autor y dador de todo lo bueno, le rindo gracias sinceras y humildes por Su distribución y bendiciones inmerecidas, y sobre todo para nuestra redención y salvación por medio de Su Hijo amado. . . . Bendito sea Su santo nombre».
  • «Misericordia y gracia y favor vinieron por medio de Jesucristo, y también la verdad que verificó las promesas y predicciones sobre Él y lo que se expone y corrige los diversos errores que se habían absorbido con respecto al Ser Supremo, Sus atributos, Sus leyes, y Sus favores».
  • «Al transmitir la Biblia a la gente. . . ciertamente les hacemos a ellos un acto de lo más interesante de la bondad. Con ello permitimos que aprendan que el hombre fue creado originalmente y colocado en un estado de felicidad, pero, convirtiéndose desobediente, fue sometido a la degradación y a los males que él y su posteridad desde entonces han experimentado. La Biblia también les informará que nuestro Creador misericordioso nos ha provisto un Redentor en quien todas las naciones de la tierra deberían ser bendecidas – que este Redentor ha hecho expiación ‘por los pecados de todo el mundo’, y conciliando así la justicia Divina con la misericordia Divina, ha abierto un camino para nuestra redención y salvación; y que estos beneficios son inestimables de la dádiva y la gracia de Dios, no de nuestros méritos, ni de nuestro poder para merecerlo. La Biblia también los [alentará] con muchas garantías explícitas y consoladoras de la misericordia Divina a nuestra raza caída, y con las invitaciones reiteradas de aceptar los ofrecimientos de perdón y reconciliación. . . Ellos, por lo tanto, que se alistan en Su servicio, tienen el mayor estímulo para cumplir con los deberes asignados a sus respectivas estaciones; para la mayoría ciertamente es, que aquellos de Sus seguidores que [participan en] Sus conquistas también participarán en las glorias trascendentes y las bendiciones de Su Triunfo».
  • «Recomiendo un retorno general y público de alabanza y acción de gracias a Aquel de cuya bondad estas bendiciones descienden. Los medios más eficaces de asegurar la continuidad de nuestras libertades civiles y religiosas es siempre recordar con reverencia y gratitud la fuente de donde fluyen».
  • «La Biblia es el mejor de todos los libros, porque es la palabra de Dios y nos enseña el camino para ser feliz en este mundo y en el próximo. Continúen por lo tanto leyéndola y regulen su vida por sus preceptos».
  • «[L]a la evidencia de la verdad del cristianismo sólo requiere ser examinada cuidadosamente para producir convicción en las mentes sinceras … quienes realizan esa tarea obtendrán ventajas».
  • «La Providencia ha dado a nuestro pueblo la elección de sus gobernantes, y es el deber y el privilegio y el interés de nuestra nación cristiana, de seleccionar y preferir a los cristianos como sus gobernantes».[1]

¿Captaste todo eso? La única manera en que Estados Unidos puede restaurarse es experimentar una vez más la Resurrección de Cristo en la vida de los creyentes. La intención de la Resurrección de Cristo no fue para el establecimiento de clubes sociales y la construcción de edificios elaborados, más bien, que nosotros fuéramos el templo del Dios vivo y la expresión de Su plenitud emprendiendo la tarea de llegar a la madurez en Cristo Jesús. Después de todo, nosotros tenemos Su mente (1 Corintios 2:16).

¡Aquí lo tenemos! Estados Unidos fue fundado como una nación cristiana, y punto, fin de la historia. John Jay lo dijo muy bien: «La Providencia ha dado a nuestro pueblo la elección de sus gobernantes, y es el deber y el privilegio y el interés de nuestra nación cristiana, de seleccionar y preferir a los cristianos por sus gobernantes». Esta es una declaración fuerte y prueba de que los cristianos no pueden culpar a nadie por como se encuentra hoy la nación y la dirección equivocada en que se dirige. Si no respondemos a la llamada de Dios será debido a nuestra rebelión contra el mandato de Dios sobre la manera de cómo restaurar la nación de acuerdo a la forma en que se ha preparado para nosotros por aquellos que prepararon el camino y viajaron por el camino de la independencia bajo Dios.

Ustedes han escuchado muchas veces, «El necio ha dicho en su corazón: No hay Dios», (Salmos 14:1). El salmista tenía razón, lo sé, en algún momento yo fui uno de ellos. Aquí hay una pregunta que tú y yo tenemos que contestar, ¿cómo debemos llamar a una persona que profesa ser un cristiano sin evidencia de la Resurrección de Cristo en su vida? ¿Quién es peor, el que dice que no hay Dios, o el que dice que Dios existe, afirma que Jesús resucitó, ascendió al cielo y está sentado a la diestra de Dios, pero no le obedecen y no hay fruto evidente de una vida transformada para corroborar nada de eso?

¿Puede restaurar el Cristo resucitado a la nación? SÍ, si le creemos y vivimos como la sal y la luz de este mundo.

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