Las armas no son el problema real

Nena Arias | 26 de abril de 2021

“Porque desde adentro, del corazón del hombre, salen los malos pensamientos, las inmoralidades sexuales, los robos, los homicidios, los adulterios, las avaricias, las maldades, el engaño, la sensualidad, la envidia, la blasfemia, la insolencia y la insensatez. Todas estas maldades salen de adentro y contaminan al hombre.”
(Marcos 7:21-23)

Jesús dijo las palabras anteriores. Estas cosas son las que contaminan a las personas y provienen de un corazón corrupto y maligno con el que nace todo ser humano. Jeremías 17:9 nos habla de la condición real del corazón humano no regenerado: “Engañoso es el corazón, más que todas las cosas, y sin remedio. ¿Quién lo conocerá?” Esta es la razón por la que Jesús vino a la tierra para proporcionar la regeneración del corazón. Él vino a darnos la oportunidad de transformar nuestro corazón de un corazón frío y endurecido de maldad en un corazón puro y cálido de carne. A esto se refiere el profeta en Ezequiel 36:26 cuando dijo: “Les daré un nuevo corazón, y les infundiré un espíritu nuevo; les quitaré ese corazón de piedra que ahora tienen, y les pondré un corazón de carne.»

Esto es lo que ocurre en la experiencia del nuevo nacimiento, la salvación a través de Jesucristo. Jesús lo dijo muy claramente en Juan 3:3, “Jesús respondió: De cierto, de cierto te digo que, a menos que nazca de nuevo, uno no puede ver el reino de Dios”.

En su libro, God, Guns, Grits, and Gravy [Dios, armas, pinole y salsa espesa], el autor Mike Huckabee hace los siguientes puntos que no son solo pensamientos de sentido común sino una lógica precisa y estoy totalmente de acuerdo con él. Él dice:

Sí, las armas pueden ser peligrosas. Y en las manos equivocadas, las manos de alguien que tiene un propósito nefasto o es descuidado y no respeta el poder del arma de fuego, o tiene una enfermedad mental, son peligrosas. Fuego en manos de un cocinero es útil; el fuego en manos de un pirómano es mortal. El agua puede ser para bañarse o ahogarse. Un par de tijeras pueden ser para abrir una caja o apuñalar a alguien. Un avión puede ser un vehículo increíblemente eficiente para viajar entre distancias, o puede ser un misil para volar hacia los edificios. Sin embargo, no escucho ninguna sugerencia de que prohibamos el fuego, el agua, las tijeras o los aviones.
El argumento, entonces, es que la razón por la que la gente usa armas para matar a otros es que tenemos fallas fundamentales. Aquellos que afirman que «las armas no matan a la gente, la gente mata a la gente» probablemente tengan esto en mente. El problema no son las armas, sino nosotros. Dado que no podemos legislar la moralidad en el corazón humano, las leyes de armas más restrictivas no transformarán el corazón de aquellos que buscan dañar a otros. En lugar de crear más leyes, deberíamos enfocarnos en ayudar a las personas a lidiar con su problema de corazón.

Crédito: Anson Stevens-Bollen

Dicho claramente, las armas no son el problema. El problema es el corazón humano no regenerado. Ese es el problema real, y ninguna cantidad de leyes humanas legisladas puede lograr el objetivo de transformar el corazón humano que está empeñado en hacer el mal. Solo un corazón regenerado y nacido de nuevo a través de Jesucristo puede lograr lo que ninguna cantidad de leyes puede lograr. Necesitamos respetar el orden de Dios para vivir correctamente y temer las consecuencias de no hacer lo correcto. Nuestras leyes deben hacer cumplir esto. No, esto no es un alarmismo, es una realidad.

En pocas palabras, las personas necesitan el temor de Dios en sus corazones. Las personas también necesitan un parámetro de moral y ética claramente definido para guiar sus elecciones y comportamientos a lo largo de su vida. Estos no pueden ser solo lo que los humanos determinan que es correcto o incorrecto, sino lo que Dios determina que es correcto o incorrecto. La idea de un código moral se extiende más allá del individuo para incluir lo que se determina que es correcto e incorrecto para una comunidad o sociedad en general.

La ética incluye derechos, responsabilidades, uso del lenguaje, lo que significa vivir una vida ética y cómo las personas toman decisiones morales. Podemos pensar en moralizar como un ejercicio intelectual, pero con más frecuencia es un intento de dar sentido o justificar nuestros instintos y reacciones. Pero si miramos más profundamente y prestamos más atención a nuestra conciencia, que es nuestro sentido moral incorporado que Dios puso allí, tomaremos mejores decisiones sin importar lo que podamos perder.

Los estándares morales de Dios son universales y, como dije, están construidos en todos nosotros y se aplicarán a todos, en cualquier parte del mundo, independientemente de la religión o la cultura. Dios nos facilitó la comprensión de estas normas morales. Se llaman los Diez Mandamientos, que incluyen respetar a Dios, honrar a los padres, no mentir, no robar, no ser sexualmente inmoral, no codiciar y no asesinar. No es necesario ser religioso para conocer y respetar estas leyes universales. Y si todavía hay dudas de cómo debes vivir, existe lo que conocemos como la «regla de oro», trata a los demás como te gustaría que te traten a ti.

Muchas personas tienen creencias firmes y obstinadas sobre lo que está bien y lo que está mal que pueden ponerlas en contraste directo con las creencias morales de otros. Pero Dios resuelve todos los problemas morales y éticos estableciendo pautas que son inamovibles que deben ser universales. Estos estándares no se derivan de las emociones humanas básicas.

Entonces, juntémonos y estemos de acuerdo con Dios para que podamos terminar con toda esta criminalidad y anarquía. Las armas no son el problema real, sino la gente.

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